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Escrito por calumet
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martes, 13 de mayo de 2008 |
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A DIOS DROGANDO Hace un par de años, Jesús Manzano, joven ciclista profesional, denunció el uso y abuso de drogas en el ciclismo. Unas declaraciones de un valor inusitado. La salud del deportista de élite se exprime mediante sofisticadas drogas sintéticas y su expectativa de vida no alcanza los 55 años. Pero cuando la sociedad piensa sobre ello, la imagen no es la de un deportista. Será por los efectos secundarios de las películas de Hollywood sobre la retina social. La "ley seca" o su equivalente represiva en otros países convirtió a las pequeñas mafias sicilianas de la prostitución y el juego en prósperas empresas transnacionales muy influyentes a las que les interesa todo excepto la legalización de las drogas. Por España circula el 60% de la droga europea. Las cárceles están saturadas de pequeños "burros", "camellos" y consumidores infortunados. Nuestro país es el narcoestado europeo por excelencia, por no hablar de la prostitución. En su vertiente social, la droga siempre ha estado -y estará- ahí, forma parte sustancial de la Cultura de la Especie, lo mismo que la prostitución si bien sus significados antiguos y modernos apenas guardan relación alguna. El "problema de la droga" no deriva del número proporcionalmente insignificante de adictos conflictivos, probablemente víctimas de una patología personal y social combinada. Criminalizar a todo el mundo, lo mismo al acreditado y pacífico fumador de cannabis que al mafioso traficante de droga adulterada, no es lógico. Así solo conseguiremos multiplicar la población penal y nadie quiere tener una cárcel en la esquina de su calle. La represión es, probablemente, la peor respuesta. Eso lo sabemos como padres. Además, resulta contradictorio cuando se mira para otro lado en el problema más asesino en España: la carretera, el coche. Sería fácil poner un limitador de velocidad en los vehículos, pero la libertad de pisar el acelerador es intocable. Tremenda hipocresía. Sabemos que lo realmente intocable es el negocio de las multinacionales. Aquí no se reprime: se recauda. Usted puede morir porque el de enfrente mezcó barbitúricos legales con alcohol legal. Tengo amigos adictos al maratón. La energía que "necesitan" consumir para liberar sus péptidos opiáceos durante una sola carrera daría de comer a varias familias etíopes durante meses. ¿Pero quién podría discutir su derecho a quemar esa energía en la incineradora de su salutífera egolatría? El caso es que un consumo irracional, ya sea de drogas, maratones o velocidad en la carretera, al igual que la falta de calidad o entrenamiento o revisiones, lesiona y puede matar. No veo por qué el pacífico consumidor y autocultivador de cannabis debe ser perseguido mientras el ególatra deportista y el audaz o imbécil aficionado a la velocidad son considerados ciudadanos respetables. La vida es una enfermedad crónica y terminal y el cannabis es un antídoto, no una droga asesina.
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Modificado el ( martes, 20 de octubre de 2009 )
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