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MIEDO PDF Imprimir E-Mail
Escrito por calumet   
viernes, 28 de marzo de 2008
 

MIEDO

      El miedo siempre estuvo ahí.

     Con el conocimiento creímos empujarlo al otro lado de la conciencia, pero no, sigue ahí. Quizá sea porque una cosa es conocimiento y otra muy distinta, tecnología.

    Se cumpe así el aserto de Cornelius Van Hoof: “A mayores Medios mayores Miedos” y su corolario: “la Especie Humana está dotada para la pobreza, no para la riqueza”.

     Solo la cantidad de enfermos de anorexia y bulimia en las sociedades opulentas avala la tesis. Por otra parte, la tecnología más avanzada es la del exterminio, que solo los nazis identifican con la de la supervivencia.

    En estas condiciones el miedo ha alcanzado categoría de religión dietético-política. Será por eso que el crecimiento personal, tan impersonal, está de moda. El miedo es una espora alergénica y la vida moderna una enfermedad, o sea: un negocio.

    Cuando Aznar dijo: “lean mis labios, Shadam tiene armas de destrucción masiva”, utilizaba la tecnología del miedo, puesta a punto por el III Reich y perfeccionada por el Mosad. En todos los casos se castiga al malo ya que “nosotros” somos los buenos, los “elegidos”.

    El miedo sirve para callar al niño, para someter a la mujer, para sojuzgar a los pueblos. El miedo a una eternidad de torturas en el infierno o a una hipoteca a 200 años, es sumamente eficaz para manejar sociedades como ganado, incluso para obligar a las ovejitas a invertir en “indulgencias” o “programas electorales” con las que comprar un metro cuadrado de paraíso. Dios, ese constructo de la Iglesia, no solo es de derechas, sino también un excelente promotor inmobiliario.  

     La penúltima aplicación “innovadora” del miedo es el urbanismo. Las ciudades se planifican por anillos de seguridad. En función del poder adquisitivo. En los países “avanzados” las plazas ya no son lugares de encuentro y reunión. No. Ahora se diseñan sin bancos donde sentarse, muy iluminadas y videovigiladas. Si, por casualidad, hay algún banco, el diseño lo transforma en un engendro inservible para descansar. Es como el “disuélvanse” franquista, pero niquelado, elegante. Porque lo que cuenta no es la sustancia de la democracia sino la fachada, el envoltorio. Lo que cuenta no es la cultura, sino la publicidad. Es más, la cultura es la publicidad.  

     Así pues, como dijo Cornelius Van Hoof en la Edad Media, los ricos tienen más medios pero también más miedos; por el contrario, los pobres están acostumbrados al miedo y ya no le tienen miedo.

     En cualquier caso, si es usted un socialdemócrata o democristiano o, genéricamente hablando, un neoliberal, le recomiendo que invierta en miedo, o sea, en seguridad; es el último gran negocio antes de la crisis definitiva de la civilización anglosionista. La misma que pasará a la historia por una marca - eso que los paletos viajados llaman record- impresionante: reventar el planeta en 200 añitos de nada. Un logro solo al alcance del matón de la clase. 

Modificado el ( martes, 20 de octubre de 2009 )
 
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